Heroína
es el olor de mis lágrimas
expulsadas en tinta.
Una despedida
a esas inquietudes que me escandalizan,
la aceptación de mis virtudes me deja intranquila.
Una única crítica
a mi mente activa,
que dude a la hora de darle a la realidad la importancia requerida.
Una cripta
donde escondo las soluciones a mis enigmas
y elaboro los horarios de mis rutinas.
Perfecciono el arte de pasearte
por mi retina,
tras el paso de las noches y los días.
Las marcas de mis cadenas derretidas se funden en las heridas,
que luego a mi lucha motivan.
Mis fuerzas se levantan dignas sabiendo que las cicatrices son inofensivas que sólo me hacen distinta.
La distancia esprinta por la avenida, para hallar una esquina
donde pueda estar deprimida
tras haber resultado vencida.
Presento una ofensiva colgando las alegrías
de mi pecho,
en cintas como si se tratasen de medallas y trofeos.
Queriendo presumir de ellos
fuera de los reinos
de Morfeo,
donde expiran los comienzos,
y habitan los recuerdos.
Tiento al cuerdo para que pierda el juego.
El soñarte se convirtió en mi pasatiempo porque me cansé de buscarte.
Y, tras un letargo placentero, hoy despierto con mi nuevo comienzo.